Que no se entere el jardinero

En inglés existe la expresión “walk of shame”, que según entiendo, se refiere a volver a casa con la misma ropa del día anterior después de una noche de sexo. Se traduce literalmente como “la caminata de la vergüenza”.

No sé si ese “walk of shame” puede aplicarse a otras situaciones ni cuál es su origen. Lo que sí sé es que con mi “perro temporal” o “perro compartido” a veces caminamos con vergüenza durante el día, y somos “delincuentes” a las 3 de la madrugada. Porque mi perro sufre de alergias alimenticias y no hay banquete más exquisito para él que vómito de otro perro o, a veces, la corteza que cubre los jardines del barrio.

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El cartel dice: “Limpie lo que hace su perro. ¡Aquí juegan niños!”

Es un perro de catorce años y no es raro verlo caminar con desgano o tropezarse después de una caminata extenuante. Es además muy inteligente y pareciera entender cuál es la mejor zona para “dejar caer su bomba”. Evita el cemento, va detrás de los contenedores de basura que están más o menos escondidos de la mirada pública, y prefiere sobre todo zonas con mucha corteza; allí nosotros podemos cubrir el crimen y simular que nos hemos olvidado de él.

Antes del cambio de horario de verano era más fácil. Nadie podía detectarnos en la oscuridad. Ahora, si está enfermo, debemos cambiar la ruta de la caminata para no encontrarnos con vecinos, niños y jardineros.

Estos últimos deben odiar a los dueños de perros. Es comprensible. Muchos hacen como nosotros. Aunque al menos nosotros tenemos una excusa: ¿cómo recoger algo tan… efímero y poco sólido?

Hemos tenido suerte. Solo hubo una caminata embarazosa frente al nuevo y sofisticado edificio que da al río, con los obreros como público. El crimen, de cualquier forma, fue tan líquido que a la mañana siguiente ya se había evaporado.

Señor jardinero, discúlpenos. ¿Le servirá el regalo de mi mascota al menos como abono?

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Sanción social para quien no limpia. En una ciudad de Baja Silesia, el gobierno creó una galería de dueños “cochinos”.

P.D.: Los padres detestan cuando su hijo, el explorador de dos o tres años, da con el recuerdo de algún perro. Pues bien, los caminantes de perros odiamos cuando papás o mamás no recogen el yogur, el pedazo de pan a medio morder, o la galleta de maíz que su hijo lanzó caminando o desde el cochecito al suelo. Si no hubiera yogur, ni pan ni galleta tampoco habría diarrea canina que lamentar.

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Usted sabe que está en Colombia (o en Bogotá) si…

Después de vivir unos seis años por fuera de Colombia, me he desacostumbrado a algunas cosas típicas. Con mi última visita lo descubrí. Hábitos que un colombiano puede dar por sentado me empezaron a parecer exóticos, risibles. O  será que con la edad empiezo a ver mi país con otros anteojos. Aquí una lista.

La señora de los tintos en los bancos o empresas (como El Tiempo). En Polonia la señora de los tintos es cada uno (o eso parece; tengo la duda de si en las multinacionales existe la figura). No hay una mujer, en uniforme, que camine con su tintineo de tazas y platos pequeños para que los jefes, en su trono, se tomen un cafecito.

La paranoia. El bolso abierto, por favor. Nos sorprendió el tener que abrir el morral, antes de entrar a la librería Panamericana, para la inspección de la vigilante. Y al salir, igual -aunque esto no es nuevo-. Esos guardias de almacenes bien podrían trabajar en un aeropuerto con esas medidas de seguridad tan estrictas. Paralelamente el saludo del guardia en el banco puede ser, ¿Me colabora con la gorrita? El rostro debe estar despejado para las cámaras de seguridad. Como bien explicaba una profesora de la universidad, todos somos delincuentes en Colombia antes de que se pruebe lo contrario.

Lo absurdo (en tres ejemplos). A la salida de los supermercados, los vigilantes firman -rayan, más bien- las facturas. Los guardias aspiran a revisar que los contenidos de la compra sean los mismos de los recibos, pero muchas veces simplemente hacen un tachón mientras hablan con el compañero. No sé cuántos robos se pueden prevenir con los autógrafos en la cuenta.

  • Viajar en el sistema integrado de transporte público (SITP) de Bogotá podría ser más fácil y barato. Es necesario comprar una tarjeta de transporte (Tu llave) y tenerla personalizada para gozar de un descuento de unos dos mil pesos en algunos transbordos. Antes se podía hacer la personalización por internet; ahora solo es posible en 40 puntos de Bogotá, incluido el aeropuerto. Si no se hace esta diligencia en persona por pereza o falta de tiempo o por desconocimiento, cada viaje puede costar unos 2.400 ó 2.200 pesos; es decir, un robo para un servicio no siempre puntual con conductores de “buses de carreras”.

    Tomada de https://www.tumblr.com/search/para%3Asitp
  • Por último, ya cuando estábamos de regreso en Polonia, salió la noticia de una multa exorbitante por comprarle una empanada a una vendedora ambulante en la calle. Se buscaba castigar al cliente por promover la venta informal. “La empanada más cara del mundo” costó más de 800 mil pesos gracias al “trabajo de inteligencia” de siete policías.
    Tomada de https://pbs.twimg.com/media/DzfFd9WWkAICCjP.jpg:large

    La demora (o el desorden). Hay una fila de cinco personas en el banco de Bogotá esperando turno en el área de servicios. Solo trabajan dos asesoras de servicio al cliente. Una está ocupada reuniendo papeles para el usuario. Su compañera, mientras tanto, se pone a hablar con la vigilante, y luego conversan entre las tres. Los cinco esperamos y nos desesperamos de pie mientras ellas se ríen. Y así, pasan dos horas antes de que la quinta persona pueda salir de allí.

Las esperas también son frecuentes con los buses del SITP. Algunas rutas pasan veinte minutos más tarde de lo esperado, diez minutos antes, o peor, dejan de pasar después de cierta hora en la noche.

O citas planeadas para las 11 a.m. en una peluquería pueden empezar a las 11:40 a.m., porque la peluquera llega tarde y acaba de enterarse de que su compañera decidió no venir hoy. Si el jefe no está, las peluqueras hacen fiesta.

El arte callejero en TransMilenio. No sé si después del episodio de las empanadas, los vendedores de TransMilenio estén ahora teniendo problemas para subirse al transporte público a ofrecer sus productos. La mayoría venden paquetes de papas, maní dulce, galletas, esferos (bolígrafos en bogotano). También están los artistas. Vimos un abuelo, o lo parecía, con una flauta interpretando bambucos en la troncal de la avenida Suba. También un rapero, cómico y simpático, que parecía leerle la mente a los pasajeros. Cuando mi novio le dio un billete, el músico le preguntó jugando por qué no le había dado el de 50 mil -que tenía bien escondido en el bolsillo-. Trató de princesas a unas muchachas jóvenes; adivinó la soltería de una mujer, e intentó que dos pasajeros desconocidos entablaran un romance.

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Luego una noche asistimos al espectáculo de un hombre que prometió algo distinto. Llevaba un parlante pero no micrófono: se puso a bailar muy concentrado salsa choke, o una coreografía elaborada, y no se cayó, a pesar de los frenazos y movimientos bruscos de TransMilenio. El peor artista, en contraste, fue un imitador o aprendiz de la música popular: ruidoso, desafinado e intérprete de música machista, “Ay, mamita”.

La afabilidad. Hola, ¿cómo estás?  dicen las asesoras de servicio al cliente, como si fueran tus amigas y te conocieran de toda la vida. Igual los vendedores, los meseros. O en algunos buses, los pasajeros se suben, le dan los buenos días (o tardes, o noches) al conductor y las gracias (¿por que los recogió y no siguió derecho, por que por fin llegó?). A la bajada, casi gritan desde la puerta, al otro lado del bus: “¡Muchas gracias, señor!”. En Polonia la gente va al grano: no hay preámbulos ni cómo estás en los bancos o restaurantes, y tampoco agradecimientos en voz alta al conductor del tranvía o el bus.

Las frutas y lo dulce. A pesar de las demoras y la paranoia, Colombia sigue siendo mi casa. En Polonia no hay papaya fresca, ni granadilla, ni guanábana, ni tomate de árbol, ni lulo, ni maracuyá. Ahora, y es triste reconocerlo, parezco conocer mejor las frutas de Polonia. Solo recientemente aprendí a distinguir el mangostino, y no puedo decir con total seguridad cuál fruta es borojó, maracuyá o lulo. Incluso, gracias a una visita a Paloquemao descubrí una fruta nunca antes vista: dijeron que se llamaba melocotón e internet complementó la información diciendo que se conoce como calabaza de Paraguay, curuba, o pepino melocotón en Colombia.

Tomada de https://bit.ly/2EmueHC

Por lo pronto, y para remediar la nostalgia, aquí imagino que los dátiles son la versión vegana y colombiana del arequipe. O cocinamos batata horneada como remplazo del plátano maduro frito. Lástima que no haya substituto para el papá, los abuelos, tíos, primos o amigos de Colombia.

La compra sin plástico en Breslavia

Si usted planea visitar Breslavia (Wrocław, pronunciado Vrosuav) o ya está en la ciudad y le gustaría limitar su consumo de plástico, aquí hay una lista con mapa, dirigida sobre todo a veganos o vegetarianos.

Esta lista incluye información de dónde conseguir, libres de empaques, cereales, harinas, nueces y todo lo necesario para la cocina, así como información relevante sobre mercados o cosméticos “desperdicio cero”. Vale la pena anotar que es muy probable que también tenga suerte si visita los warzywniak (verdulerías).

Leyendas del mapa:

  • Violeta: tiendas “desperdicio cero”
  • Verde: mercados abiertos de lunes a sábado
  • Marrón: mercados abiertos únicamente los domingos
  • Amarillo: tiendas amigables de la filosofía “desperdicio cero”
  • Gris: supermercados son opción de compra al granel
  • Negro: concentrado para perros y gatos al granel.

Tiendas con filosofía desperdicio cero

Bez Pudla. Traduce sin caja, o sin falla. Existe desde junio de 2017 y es la primera tienda con filosofía “zero waste”, “cero residuos” de Wroclaw. Está ubicada en el centro de la ciudad, no propiamente en la plaza, sino a casi dos kilómetros de allí.

Es un pequeño local con un espacio muy bien aprovechado y con cada vez más surtido. Ofrece arroz, quinoa, trigo sarraceno, avena, hojuelas de maíz, granola, azúcar de vainilla y de otros tipos, sales, canela de ceilán, condimentos y tés; semillas de lino, de girasol y de chía; uvas pasas, dátiles, tomates secos, nueces, legumbres, harinas, pastas sin gluten (o con él), bicarbonato de sodio, mantequillas de maní y prácticamente todo lo necesario en una cocina (vegana); además se pueden hacer pedidos de pan por adelantado.

Hace un año, la propietaria, Kamila, no vendía detergentes ni limpiadores para el hogar, ni aceite de oliva, ni vinagre de manzana, ni chocolate al granel. La buena noticia es que ahora sí.

También se consiguen cepillos de dientes, jabones, champú en barra, cepillos para la limpieza, empaques de vidrio, pitillos de metal, libros. En fin. Para convertirse en la tienda vegana ideal faltaría tofu, salsa de soya y yogur vegetal al granel. De todos modos, ya es un local soñado.

¿Cómo funciona? Usted lleva sus propios empaques (sean bolsas o recipientes de plástico o de vidrio), los pesa a la entrada del local, anota el valor de los envases con la tapa y luego puede empezar a rellenarlos en las diferentes estaciones. Con los condimentos, chocolate y detergente hay una excepción; la dueña de Bez Pudła es quien los pone en los envases. Si se le quedaron los empaques o recipientesen casa puede usar las bolsitas de papel (pagas). Y si el olvido fue mayor y no tiene una bolsa para transportar las compras, Kamila puede prestarle una.

Existe un descuento por llevar los propios recipientes. Aquí está la lista de productos disponibles.

Dirección: Grabiszyńska 55/2

Abre lunes, martes, jueves y viernes de 11 a.m. a 7 p.m. Los sábados tiene nuevo horario, de 10 a.m. a 4 p.m. Por lo general los sábados va mucha gente, así que es mejor pasar por allí entre semana.

Kolor Zielony:

No lo he visitado personalmente, pero por las fotos de Facebook sé que ofrece crema de dientes en aluminio, seda dental (no vegana), esponjas, toallas higiénicas reutilizables, copas menstruales, y más.

Dirección: Jedności Narodowej 75. Abierto de lunes a viernes de 10 a 18. Sábados de 11 a 15.

Tomada del FB de Kolor Zielony: https://bit.ly/2sGOxKx

Mercados

Existen muchos mercados en la ciudad. Anoto solo tres aquí, pero en el mapa puede encontrar más (aunque algunos solo abren los domingos).

Por el centro:

  • Hala Targowa, en el centro de la ciudad. Dirección: Piaskowa 17. Abierto de lunes a sábado de 8.00 a 18.30.

Es la plaza de mercado más importante de Breslavia. La página Visit Wroclaw reporta que unos 30 a 35 grupos de turistas la visitan a diario. Hay puestos de frutas y verduras, de dulces, de comida para pájaros, una tienda naturista con productos vegetarianos, otra que vende especias, fruta seca y dulces al granel, otra más con yerba mate, así como cafeterías y locales con comida de Grecia, Turquía y España: sobre todo jamones ibéricos, dulces y aceitunas.

En varios locales se pueden comprar legumbres, nueces y lentejas. Si usted carga con sus propias bolsas, es importante hacerle la aclaración al dependiente de que le ponga las nueces o lentejas “aquí” (“do tego”). De lo contrario, los tenderos pueden empacar su compra en una bolsa que usted no pidió ni quería.

Tomada de Wikipedia

En el segundo piso reparan zapatos, y hay locales de productos para la casa, al igual que tiendas de ropa de segunda mano, una o dos sastrerías, una tienda para mascotas y un negocio con hilazas sintéticas.

Por el oriente:

  • Targowisko Osiedlowe en la calle Marcello Bacciarelli. Dirección: Bartoszowice. ul. M. Bacciarellego 54.

Mercado con cinco puestos de verduras y frutas. Se consigue lechuga, coles de bruselas, tomates, coliflor, col rizada, aguacate, pera, pimentones, pepino, ají, manzana, papas, batatas, champiñones, repollo, limones, mandarinas, bananos, manzanas y etcétera; la espinaca, desafortunadamente, viene en bolsa de plástico.

El dueño del segundo local también cultiva vegetales poco corrientes: a veces ofrece diferentes tipos de acelga, nabos negros, hojas de remolacha, rábanos japoneses o blancos (conocidos como Daikon en inglés). Vende además lentejas, diferentes tipos de nueces, setas deshidratadas, semillas de girasol, entre otros productos al granel. Durante una temporada estuvo vendiendo brócoli sin plástico; ahora no porque lo importa de España. Tiene a disposición, sobre todo los jueves, huevos producidos por sus propias gallinas.

En uno de los penúltimos locales, al final del mercado, además de frutas y verduras, hay trigo sarraceno, mijo, semillas de lino, lentejas, garbanzos y nueces. No he visto arroz.

El mercado está abierto de 8 a.m. a 5 p.m. de lunes a viernes. Y los sábados de 8 a.m. a 2:30 p.m. No obstante, a veces es posible hacer la compra de frutas y verduras a última hora.

Como en cualquier mercado, hay puestos de carne y pescado. Y un local más al parecer vende cigarrillos y dulces al granel.

  • Hala Tęcza por el suroccidente. Dirección: Bajana 1. Abierto de 9 a 20.00 de lunes a viernes. Los sábados abre de 8 a 20.00.

Es un mercado cubierto con supermercado incluido. Un miembro de uno de los grupos de Zero Waste en Facebook dice que aquí se puede comprar tofu empacado en vidrio.

Al igual que Halga Targowa o el Targowisko Osiedlowe de la calle Baciarelli, tiene puestos donde se pueden comprar verduras sin plástico y nueces al granel.

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Algunos supermercados

En la sección de frutas y verduras, las tiendas y supermercados por lo general ponen a disposición bolsas de plástico gratuitas. Nosotros éramos adictos a ellas en las grandes superficies. Necesitábamos una por cada grupo de verduras o frutas -una para cinco tomates, por ejemplo- porque debíamos imprimir la etiqueta del valor total por peso. Ya no las usamos. Nadie nos ha puesto problema, hasta ahora, por llevar frutas y verduras a la caja sin bolsa. (En otros países, como Italia, es obligatorio usar las bolsas biodegradables del supermercado; cuestan 1 centavo de euro). A continuación, algunos supermercados recomendados en Breslavia:

– Lidl -al menos en Nowy Dwór, al suroccidente, y en el centro-occidente, en Braniborska-: se consigue calabacín sin plástico y algunas frutas vienen sin etiqueta, pero no son de gran tamaño. También hay nueces.

Feniks, en Rynek: tiene descuentos para surtido que se debe consumir rápidamente. Hasta hoy no me han mirado mal ni me han hecho comentarios por comprar brócoli, aguacate, frutas o banano sin la bolsa transparente. No es necesario pesar las frutas y verduras antes de pasar por la caja.

– En el Auchan del centro comercial Corona, al nororiente de Breslavia, las frutas y verduras deben ser pesadas y etiquetadas antes de hacer fila para pagar. Las cajeras no se han extrañado si ponemos la etiqueta en un tomate o una ciruela aunque llevemos de a dos o tres. Tampoco las ha sorprendido ver nuestros propios recipientes llenos de espinacas, fresas o frambuesas congeladas; es más barato que comprarlos en bolsa. Por otro lado, es posible comprar cereales, nueces, café, dulces, especias y legumbres al granel. También existe la opción de envasar miel en una botella propia. Y por último, venden rollos de papel higiénico 100% reciclado que duran mucho más que los de los paquetes de plástico con ocho rollos.

– Carrefour. En el de Galeria Dominikanska ofrecen cereales, nueces y dulces al granel. Se consigue quinoa, semillas de lino, semillas de girasol, ajonjolí negro, arroz, pastas de diversos colores, fríjoles blancos, garbanzos, lentejas y guisantes amarillos, así como como uvas pasas y arándano agrio; allí he comprado con mis propias bolsas de papel sin inconvenientes.

Tiendas con bolsa “búmeran”

Los dos siguientes locales merecen una mención especial, pues cuentan con bolsas que se pueden tomar en préstamo.

Ekotytka: Hace poco empezó a ofrecer leche de vaca al granel. Dispone de verduras ecológicas, aceitunas al granel, y pan de dos productores locales. Además instaló afuera una nevera compartida con la ayuda de Food Sharing Wroclaw, para evitar el desperdicio de comida.

Dirección: Swojczycka 82. Abierto de lunes a viernes de 9.00 a 20.00. Los sábados abre de 10 a 14.

Tomada de FB en https://tinyurl.com/ybbt2hah

 

Urban Vegan: No tiene, hasta el momento, productos al granel, pero sí tofu en grandes cantidades: de 2 kg, o 1 kg por ejemplo -usted puede cortarlo en casa, congelar las porciones y ahorrarse el plástico de unos cinco o seis paquetes-.

Durante un tiempo vendía, o sigue vendiendo (pero no es visible en su página web), yogur o leche vegetal en vidrio de la marca local Mleczni Bracia. En cuanto a cosméticos, se consiguen cepillos de bambú, jabones en barra y un champú en empaque de vidrio (cuyo envase es retornable).

Dirección: Świętego Antoniego 3. Abierto de 9 a 20 de lunes a viernes. Sábados abre de 12 a 18.

El champú en envase retornable. Tomada de https://tinyurl.com/y9n27c2a

 

Droguerías:

Su droguería más cercana. La crema dental Ajona (pronunicada aquí Aiona) viene empacada en aluminio y es una alternativa a las pastas tradicionales que vienen en plástico. En dos lugares en donde he preguntado (ver mapa) la he conseguido sin problema.

“Non dare papaia” a los carteristas en Roma; más ñapa

Roma. Si imagino que en las próximas horas debo caminar sola o esperar en los alrededores de la estación de trenes de Termini, empiezo a sentirme nerviosa. Termini es famosa por sus carteristas: por el cosquilleo.

Tomada de Google.

La iglesia de Santa Maria degli Angeli e dei Martiri (Santa María de los ángeles y los mártires), a pocos metros de allí, por ejemplo, tiene un aviso a la entrada advirtiendo: “¡Cuidado con los carteristas!”.

Domingo, 11:50 a.m. Estamos en la fila del bus que nos llevará al aeropuerto de Ciampino, en la vía Marsala 5. Una joven con una maleta de rueditas, una chaqueta y un morral le pregunta a una mujer si la fila es para el bus de Ciampino. Luego abren las puertas del bus con ventanas semi polarizadas y nos subimos los veinte pasajeros. Yo me siento al lado de la ventana.

Solo la joven no se sube. Se sienta en el umbral de un edificio con su maleta a los pies, el morral a un lado, y el abrigo por las rodillas. Está enviando mensajes mientras espera el bus de Fiumicino, el próximo en salir, después de las doce.

Una anciana aparece caminando al lado del bus con una niña de unos nueve años. La mujer lleva una cobija al hombro. Parece vivir en la calle. La niña rueda una bolsa plegable de color verde oscuro con ruedas. Tienen rasgos orientales o gitanos. Pidiendo limosna, se le acercan a la joven: las dos manos a la espera, insistentes, agresivas. No quisiera ser esa joven: estar sentada sola, ahí, en ese momento -si yo fuera ella, estaría nerviosa-. La joven se niega. No les da nada. Parece decirles: No tengo monedas.

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La niña de nueve años empieza a alejarse en dirección de la estación, con el carrito de compras por delante. La mujer se retira dos pasos y se queja, los brazos hacia el cielo, como expresando: ¡Qué voy a hacer, tengo que alimentar a esta niña y no tengo cómo! ¡Pobres nosotras, viviendo en la calle en este frío! Entonces vuelve a donde está la joven del umbral, se le acerca hasta ponerle la mano, o la cobija, por la espalda, y le dice algo (no sé si le desea suerte o la maldice); mientras, aprovecha para agarrar el morral de la joven por debajo de la cobija.

“¡Esa señora le robó la maleta!”, digo en voz alta, indignada. Mi novio se alerta. “Robaron a esa joven”,  repito, asombrada. Él le dice al conductor que necesita salir un momento. Aún no es mediodía, la hora de partida del bus. “¿Tienes todo?”, le pregunta él a la joven. Ella dice que sí, ensimismada en su teléfono. “¿Estás segura de tener todo? Creo que esa señora te quitó la mochila”, intenta de nuevo.

Mi novio se devuelve al bus. No entiende. ¿Quién robó a quién? La joven asegura que su equipaje está completo. Le hablo de la anciana. La joven vuelve a repasar su equipaje: maleta, chaqueta, teléfono, ¿morral? Ya no está.

Va furiosa hasta donde la anciana para recuperar su mochila. Mi novio vuelve a bajar del bus para apoyarla en la denuncia. La niña, me parece, toma el morral por debajo de la cobija, y se lo devuelve a la muchacha.

La anciana y su (probable) nieta se van, quizá caminando con un poco de prisa, por detrás del bus. Nadie llama a la policía. La joven se pone la maleta en los hombros para evitar futuros intentos de robo, para “no dar papaya”, en colombiano, “non dare papaia”, si pudiera traducirse literal al italiano. Como decía mi abuelito: ladrones hay en todas partes.

Tomada de https://www.flickr.com/photos/stevendepolo/4637904620

La semana pasada, en la clase de polaco, uno de mis compañeros contó que, sin darse cuenta, una vez le robaron en Varsovia una maleta con su pasaporte, su dinero, y su tarjeta de identidad; tuvo que pedirle ayuda a su hermana, quien le enviaría dinero por Western Union. El problema: necesitaría algún medio de identificación para recibir la transferencia. Debió ser un robo similar a este, una distracción repentina y ¡magia!, el equipaje desaparece. Si mi novio no hubiera actuado rápido o si nadie se hubiera dado cuenta del robo en Termini, quién sabe si la muchacha habría perdido pasaporte y dinero; tal vez seguiría hoy en Roma, intentando emitir un nuevo pasaporte en la embajada como mi colega de la clase.

Entre otros:

La dependiente o dueña del Tabbachaio, que tiene rasgos orientales y acento italiano, atiende enérgica a los clientes. Estamos allí para imprimir los documentos necesarios en el Comune di Roma. Se comporta a la italiana. Es abierta, extrovertida. ¡Feliz inicio de año!, se despide de sus compradores frecuentes. Y le pregunta a una anciana de baja estatura, ¿Qué tal el fin de año? ¿Le tocó cocinar mucho? A lo que la mujer responde, “¡Ay!, sí”.

Las abuelas italianas, le nonne, son famosas por la cantidad de comida que preparan para las reuniones familiares; sin duda en Navidad y Año Viejo cocinan el doble o el triple para darles gusto a hijos, nietos, y acompañantes.

Tomada de https://pxhere.com/it/photo/1324132

Otro día. Cinco de enero, diez de la mañana. Aunque no hay nubes hace frío. Estamos en el cruce que nos llevaría al Circo Massimo. Hay una mujer oriental vestida de novia, con una chaqueta blanca de pana -que no le hace juego-, acompañada por su amiga al otro lado de la calle. “¡Ma che bella!”, exclama una italiana, junto a sus jóvenes hijos o sobrinos. La novia cruza la cebra y pasa por nuestro lado, alegre.

Auguri!”, dice con una sonrisa la italiana, deseándole buena suerte, y parece como si quisiera alargar un brazo para tocarle el hombro y felicitarla. “Va para la iglesia”, conjetura la mujer. “No”, le responde alguno de sus acompañantes…

Rybcium, el pe(do)rrito atómico

Debería instaurarse el sistema del perro prestado, así como ahora está de moda compartir casa, comida y etcétera con AirBnb, las neveras compartidas, las bicicletas públicas. ¿O a lo mejor el perro compartido ya existe y estoy desactualizada?

Estuvimos cuidando un perro por unos días. Su nombre viene de una canción folclórica polaca sobre unos zapateros sin dinero, pero con  tiempo, que vagabundean por el bosque y que cantan “rybcium pypcium”. Este perro encarna el espíritu alegre de la canción cuando sale a pasear.

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Rybcium es un perro gigante, una bestia con una trompita de oso. También parece un león con su abundante pelaje amarillo y blanco y sus mechitas rizadas. Tiene unos trece años, y cuando lo dejábamos caminar sin la correa parecía un cachorro -o por lo menos un perro joven-: corría, jugaba con las ramas, se rascaba la espalda contra el suelo o los árboles. El otro día fuimos al bosque Strachociński en bicicletas con él. Si nos le adelantábamos mientras él se quedaba atrás comiendo pasto, venía hasta donde nosotros feliz en un carrerón.

En el bosque le daba por abrir huecos en la tierra para comérsela o moder gusanos, y solía meterse a un estanque cubierto de plantas verdes y lleno de lodo. De modo que salía del agua con las patas y la barriga enlodadas, como si vistiera unas botas y un traje negro en la panza.

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A Rybcium lo dejábamos sin correa en el bosque y a la orilla del río, o donde pudiéramos controlar, en la medida de lo posible, que no hubiera perros. Si lo llevabámos con la correa andaba despacito, despacito, con achaques y tropiezos; y cuando lo soltábamos hacía acopio de todas sus energías y se nos adelantaba un buen tramo. Marcin tenía que correr detrás de él para atraparlo.

Si estaba sucio, Rybcium tenía permiso, o la obligación, de meterse al río, aunque Marcin no lo soltaba porque le daba miedo de que la corriente se lo llevara.

Es un perro inteligente o de una gran intuición. Podía predecir si íbamos a salir a su vuelta, y entendió cuando le dijimos que el arroz que una vez preparamos era para él.

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Marcin medita por lo general en nuestro cuarto encima de una cobija bien gruesa. Cobija que Rybcium, el perro meditador, estuvo usando en las primeras noches ya que la suya en el pasillo era muy delgada.

Una mañana me puse a recuperar sueño porque Rybcium nos había despertado a las tres de la mañana para salir por problemas de diarrea. Así que Marcin se llevó su cobija a la sala para meditar mientras yo descansaba. Una hora después, me levanté al baño, cerré la puerta y oí unas paticas en dirección de la habitación. Pensé que Rybcium había ido a saludarme. Sin embargo, cuando Marcin terminó su sesión, lo encontró en el pequeño “nido” caliente que yo había dejado en la cama. “¿Si tú usas mi cobija, yo uso tu cama?”, le preguntó Marcin intentando sonar serio con su regaño.

Un domingo que lo dejamos solo por unas cuatro horas descubrió el sofá: a nuestro regreso había mechones rubios y algunos pelos rizados. Esa noche además decidimos cerrar la puerta de nuestra habitación porque anteriormente nos había desvelado haciendo ruido y tirándose “pedos atómicos”. Y cuando Marcin se levantó al baño, en mitad de la noche, no lo encontró en el pasillo sino en el sofá, muy avergonzado. Desde ese día disimulaba su antojo por el mueble y no intentaba subirse en nuestra presencia -o nos miraba para pedirnos permiso-. Si estaba trasnochado, no nos escuchaba salir del cuarto, y podíamos admirarlo profundamente dormido y despreocupado en el sofá; o si estaba alerta, se bajaba del mueble rápido, antes de que alguno saliera. De cualquier forma, en las mañanas siempre descubríamos pelusas en el sofácama.

Aprender polaco: gimnasia mental

Llevo poco más de cinco años en Polonia y aún no hablo su idioma de manera fluida. Parece un trabajo de tiempo completo; envidio a quienes supuestamente lo dominan en pocas semanas o meses. No sé si la escuela de la calle, la familia, los amigos y el contexto enseñan más que las aulas. A veces pareciera que sí.

Al inicio pensaba que lograría absorber el lenguaje polaco a punta de visitas a los suegros, televisión, radio y lectura -de periódicos, avisos en edificios y calles, y menús en restaurantes-. Confiaba en estos métodos. Pero no fueron suficientes. Me ahogaba en la laguna de la gramática y sus intrincados, casi malvados y traviesos siete casos (los pzrzypadki): no aprendía la raíz de la palabra, sino alguno de sus disfraces, sus przypadki.

Nuestra cara en la escuela cuando descubrimos una nueva regla o excepción.

Probé un par de veces con tándems de español-polaco con conocidos o desconocidos. Resultó un método sin mucha regularidad: viajes y compromisos se interponen en las clases, últimas en la lista de prioridades.

Hace un año por fin me rendí, y empecé a estudiar en una escuela. El polaco es como una selva. Hay una gran “biodiversidad” de palabras, reglas y excepciones. El lema es: ¡para qué hacerlo sencillo si se puede complicar! Dos masculino se dice de una forma; dos femenino, de otra; no tengo dos en masculino, es otro caso; y para qué seguir, no les voy a decir mentiras, no lo tengo claro.

Quiero compartir aquí* algunas palabras o expresiones que he aprendido, casi sin querer. Escucharlas o leerlas a menudo me transporta al lugar donde las conocí, y por ende, a las historias de estas palabras en mi vida; al cariño que les tengo.

Está nie mam, por ejemplo. No tengo. Muy parecida a nie ma. No hay. ¿Tiene la carta de cliente?, me preguntó una vez una cajera. Dije nie, no a secas. Y ella me corrigió, nie mam. Gracias, Pani cajera.

A las malas aprendí ciclorruta, ścieżka rowerowa –me cuesta trabajo escribirla; sólo sé pronunciarla, si es que la pronuncio bien-. Fue la noche en que una mujer me gritó porque no usé la ciclorruta.

Les debo Ratunek, ratunek!, ¡auxilio, auxilio!, a los juegos de mis estudiantes de nueve años.

O balde, wiaderko, a mi sobrino, que sacaba agua de un cubo para echársela a las zanahorias, calabazas y flores del jardín de mis suegros.

Na drutach, a dos agujas, viene de una exestudiante que teje.

Tajemnica, secreto, misterio, llegó a mi vida mientras hacía una reportería sobre un castillo.

Kask, casco, apareció en un crucigrama mientras visitábamos a la abuela de mi novio.

Świt, amanecer: la hora en que un buen aficionado a la recolección de hongos empieza a recorrer el bosque; gracias a una de mis profesoras por este término.

Mis suegros me enseñaron en un paseo wiedziałam (yo mujer, supe) y widziałam (yo mujer, vi). Hago la aclaración de “yo mujer” porque si un hombre supiera o viera, lo correcto sería decir wiedziałem y widziałem. Mi sobrino de dos años y yo tenemos problemas de género. Él habla como si fuera mujer -porque su papá le habla en su lengua materna, el español, y el polaco le viene de su mamá-. Yo entretanto me dirijo a los hombres, por descuido, como si fueran ellas.

Y mi última adquisición en clase: czarnowidz, agorero. Literalmente significa: el que todo lo ve negro.

¿Hay alguien por ahí aprendiendo polaco? ¿Alguien que aún guarde esperanzas de dominarlo en menos de diez o cinco años? ¿Alguien con problemas para recordar que palabra, słowo en polaco, ni es femenina ni es masculina sino neutra -¿o debería decir neutro?-?

*Quizá actualice la lista con el paso del tiempo.

El tronco del árbol is the new trash can

Hoy fue el World Cleanup Day. El día del año en el que tenemos una excusa para limpiar porque otros países también lo hacen al mismo tiempo. Pero cualquier ocasión es buena para ponernos unos guantes, coger una bolsa de basura y salir a recoger las botellas de vidrio o pedazos de plástico del camino.

Siete personas limpiamos a lo largo de la orilla del río Odra, en el barrio, durante unas tres horas. Entre ellas nuestros vecinos Beata, Teresa, Wiesław y Grażyna, a quienes conocimos hoy, así como Piotrek -compañero de trabajo de Marcin-.

Limpiar es mejor que un día de gimnasio. Hicimos sentadillas. Escalada desde la orilla del río hacia la calle. Carrera de obstáculos entre rosales y otros arbustos malolientes. Y levantamiento de pesas: bolsas que llenamos con botellas de vidrio, plástico, latas, ropa, en fin; también sacos de basura enteros que habían sido arrojados a la orilla del río.

El futuro ya llegó. Desde ya estamos viviendo en ese paisaje árido de basura enterrada que se ve en las películas de ciencia ficción. En el parque de bicicross del barrio, los arbustos, la ortiga y la tierra han devorado bolsas de plástico y latas de comida oxidadas. El plástico es una capa más, junto a las piedras, los insectos y el verde.

Lo peor fue hacer el hallazgo de “islas de basura” en la tierra, pequeños rellenos sanitarios entre los arbustos, dice mi novio.

Nos hubiera gustado limpiar más. Fue una lástima que hubiéramos sido tan pocos los involucrados en el aseo de nuestro río. Quizá falto ser menos tímidos e invitar a la gente en la calle, cara a cara. Esperamos repetir el evento en unos meses y continuar con el fragmento que aún nos hace falta; de allí hoy solo retiramos un coche de bebé sin dos ruedas que yacía en ese lugar hace tiempo.

Quedamos exhaustos. Como si hubiéramos jugado un partido de fútbol, o corrido. Me duele levantarme del sofá. O doblar los brazos.

P.S.: Me picó una garrapata. Este es un bautizo polaco más.

Otras voces:

Sí. Le hablo a usted. Lo vi tomándose su cerveza y hablando por teléfono. Se le olvidó su paquete y su botella, ahí, junto al pedazo cortado de tronco. Orange is the new black, and El tronco is the new trash can.

Tan cool, tú. Tan apresurada. Estás in: llegas a la oficina con tu bolso en una mano, y un café en vaso desechable -dificilísimo de reciclar- en la otra. Y pa’l Instagram. De almuerzo, un granizado con crema en un vaso transparente de plástico con pitillo. Pa’l Face. ¿Y para la cena? ¿Qué plástico a las finas hierbas? Tan cool que se ven el café y el granizado antes de terminar en la caneca.