El día de las brujas contra la Victoria de los santos

Estamos en cuarentena con mi novio en el apartamento de su hermana. El miércoles fumigaron el nuestro, que está en una casa construida en los años 20 para familias alemanas obreras. Como el edificio es viejo y húmedo, y nosotros somos un poco descuidados, hace un par de meses salieron hongos en las paredes de nuestro dormitorio. Después de la visita del experto en exterminar ese mal, el lugar apesta a cloro y mi novio no resistió el olor porque le empeoró el resfriado: le irritó la garganta y le empezó una tos seca.

Por eso hoy no iremos al cementerio, ni saldremos a los trancones de la tarde-noche de Los santos difuntos. Tampoco nos veremos con su familia, para evitar contagiarlos. Mientras tanto, en Colombia, seguramente muchos conocidos habrán amanecido enguayabados o seguirán festejando Halloween esta mañana vestidos de piratas, asesinos o ratonas.

cemetery

¿Qué haría el episcopado polaco si visitara Bogotá un 31 de octubre en la noche? Este año, en muchas escuelas de primaria de Polonia han propuesto que se remplace la celebración de Halloween por ‘Holy wins’, la Victoria de los santos. Rectores de los colegios y la curia solicitaron a los padres que sus hijos se disfrazaran de sus santos o patrones favoritos, y no de vampiros, elfos, ni de brujas este 31. Tal vez los sacerdotes polacos se espantarían en Bogotá con tanta gente disfrazada, y no precisamente de figuras religiosas -o si las hay, muchas son monjas de falda corta-.

Recuerdo que algunos católicos radicales en Colombia también se santiguaban al escuchar a niños cantando “triqui-triqui-Halloween, quiero dulces para mí” frente a la puerta de sus casas. Entonces pedían remplazar ese cántico por el blando “quiero paz, quiero amor, dame dulces por favor”. Yo prefería el “triqui-triqui” y recogía mis dulces en una calabaza de plástico, con mis primos en el barrio de mi abuela materna. A veces, no sé por qué, los caramelos se derretían y se pegaban al fondo del ‘baldecito’. Creo que por esa época fantaseaba con decorar una calabaza redonda como las que veía en las películas de Estados Unidos, pero en Colombia no crece ese tipo, o nunca lo vi. Ahora que vivo en un país donde sí se da la calabaza de las ‘pelis’, que no se me ocurra comprar una y tallarla al lado de un vecino extremadamente religioso: es otro símbolo anti-católico. Afortunadamente, parece haber pocos radicales en Breslavia.

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