Un pasztecik, dos paszteciki, tres paszteciki, ¡no bastan!

La mamá de mi novio es una gran cocinera. No sé si todas las mamás polacas cocinan tanto y tan rico como ella, que fabrica comida en grandes cantidades. Cuando la visitamos nos regala pepinillos encurtidos, chucrut o kiszone kapusta -repollo encurtido con zanahoria, sal y semillas comino-, tomates secos, pasteles dulces, empanadas hervidas, pesto, ensaladas. La lista crece y cambia según la estación o el festejado.

Hoy que la visitamos comimos barszcz, una sopa difícil de pronunciar y de escribir, pero deliciosa. Barszcz  se come siempre en Navidad, o en cualquier otra fecha del año, y es de remolacha. Por lo general la mamá de mi novio acompaña el barszcz de empanadas hervidas rellenas con col o, como hoy, de  paszteciki, panecillos con repollo, champiñones y comino, que parecen pizzas pequeñas. E igual que rezaba el comercial de una vieja y reconocida marca de galletas en Colombia, ¡muchos paszteciki no son tantos!

Yo supuestamente estaba haciendo una dieta sin harina de trigo y los paszteciki tienen la culpa de que la haya infringido. ¡Son pequeños e irresistibles!

Los deliciosos paszteciki

Los deliciosos paszteciki

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