Días de nieve: La lógica de las matrioszkas en los apartamentos polacos

Nevó antes de ayer y una capa desigual de escarcha y nieve cubre los tejados. Al prado blanco lo cruzan huellas negras, es como si hubiera caído granizo en Bogotá. Hace una semana y media la nieve se derritió y si ahora lo hiciera otra vez, cabría exigir “¿dónde está mi invierno?” (pero habría que preguntarlo en voz baja, la idea no es que haya nieves perpetuas hasta marzo). El pronóstico es de días con temperaturas alternadas sobre y bajo cero.

Las aceras están cubiertas de hielo o están húmedas, y afuera de mi habitación se ven antenas de televisión sobre los edificios. De una chimenea a veces escapa un vapor oscuro (¿de la cocina?) y salir al balcón o abrir la ventana es como entrar en un congelador gigante. Si Bogotá es para los costeños colombianos “la nevera”, Breslavia y esta zona del mundo en esta época sería el freezer.

Nieve que se hace agua
Nieve que se hace agua

De hecho, las mujeres polacas aprovechan las bajas temperaturas para mantener la comida fría en días secos. ¿Se acabó el espacio en la nevera? Hay que despejar un rincón entre las plantas del balcón para guardar la sopa de mañana, o basta con dejar en el alféizar (parapet en polaco) la olla de arroz con la ventana entreabierta. Quisiera probar el método de refrigeración, aunque tendría que buscar cómo espantar del balcón a las palomas.

Los polacos son muy prácticos, o eso parece. Son expertos en hacer buen uso del espacio en una lógica como la de las matrioszkas (muñecas) rusas. Hay cajones y puertas donde menos se pensaría: en el baño, bajo la cama, en el vestíbulo. Los kanapy (un tipo de sofá) se convierten en cómodas camas: se hala de un extremo y el espaldar y el sentadero se transforma en colchón; se levanta por un lado y allí está escondida la ropa de cama, las almohadas, o cualquier otra cosa. Para cenar las mesas se extienden o se pliegan frente a ese mismo sofá (en ese caso, ¿para qué comprar sillas de comedor?), y la ropa se puede secar muy rápido, en una noche, en la colgadera encima de la bañera. Los 40 metros cuadrados de un apartamento son suficientes.

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