Jęczmien na oku

Tomada de internet

Esta semana me salió un orzuelo, o cebada en el ojo  -un jęczmien na oku, como se diría en polaco-. Y le echo la culpa a una revelación del interminable libro Microcosmos, de Norman Davies: a Wrocław, Breslau en 1938, se le consideró como la ciudad más fiel a Adolfo Hitler.

Entonces, de acuerdo con ese libro, la esvástica colgaba de fachadas de edificios como la Alcaldía o la estación de trenes, parlantes en cada esquina vociferaban consignas en alemán y los nazis rebautizaban calles a su acomodo. ¡Existió la calle Adolfo Hitler! Ahora se le conoce como Adam Mickiewicz, un poeta polaco, y antes del Tercer Reich se le llamó Friederich Ebert Strasse en honor al primer Presidente alemán. Es una vía que bordea el parque aledaño a la fuente multimedia o Pérgola, y llega hasta el lugar en donde miles de deportistas quisieron deslumbrar a Hitler en 1938: el antiguo Estadio Olímpico (Stadion Olimpijski),

En una página dedicada a la historia de Breslavia hay fotos del multitudinario recibimiento al Führer en el verano de 1938, en el Sportfest. Su introducción es muy acertada: “Es difícil ver estas imágenes y no pensar, con disgusto, que en los siete años siguientes muchas de las calles soleadas y cálidas de esta antigua ciudad se convertirían en un inmenso e intenso infierno lleno de ruinas”.

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