Nadar con los patos en el Dubrovnik de Baja Silesia

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La ola de calor y sus temperaturas arriba de los 29 grados centígrados al fin se están yendo de Breslavia. Solo me faltó pasar en bicicleta cerca de los hidrantes de la plaza donde niños en vestido de baño o en ropa interior estuvieron jugando estas semanas. A mí, a diferencia de otras mujeres arrastradas por sus amigos hasta esos chorros, me habría divertido cruzar rápido en la ‘bici’ -mi preocupación era andar con aparatos electrónicos al hombro-.

Lejos del mar, y atrapados por dos semanas por ese calor y sol “agobiantes”, como diría una tía, visitamos un par de lagos: el Glinianki, en la ciudad, y el Bystrzyckie, a una hora y media de aquí. En el primero, pagamos tres zlotis (un poco más de dos mil pesos colombianos) a las cinco de la tarde; allí dos guardias salvavidas, uno en un bote y otro en tierra, regañaban con un silbato a quien osara nadar junto a los patos tras la barrera de los cuatro metros de profundidad. Pero no se atrevían a chiflarles a cuatro jóvenes fornidos que hacían saltos mortales a la orilla de la playa artificial.

El Jezioro Bystrzyckie, por otro lado, está cerca de Świdnica, en Baja Silesia, y hemos bautizado a una de sus playas como Dubrovnik de los pobres, porque tiene vista a cerros de pinos similares a los de la ciudad croata.  Aquí el área segura para bañistas está demarcada cual corral en el agua, también hay patos que se regodean de poder nadar donde yo no llego por miedo, y más allá están los kayaks, y otros botes con forma de aves y de carros.

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El cerro ‘Dubrovnik’

En la otra orilla de “Dubrovnik” hay unas cabañas feas construidas sobre un montículo parcialmente pelado. Y la gente que se baña en aquella playa -si no es huésped- debe pagar dos zlotis por cruzar el puente del hotel (sí, aquí también roban a la gente con ese tipo de excusas y nosotros fuimos víctimas antes de descubrir “Dubrovnik”, cuyo acceso es gratuito).

Los polacos vienen al lago con sus sillas de playa, sombrillas, algún refrigerio o almuerzo, colchones inflables king size para jugar en el agua y tiendas de camping. Y si existieran los baños privados portátiles, yo traería uno porque los públicos son repugnantes y no siempre es posible acceder a los de los restaurantes.

Este lago y estas temperaturas me recordaron los viajes con mis papás y mis primos a Melgar, y a la piscina natural de  San Gil. Alrededor del Bystrzyckie hay muchas abejas y avispas y algún niño, como yo una vez bajo un rodadero de Cafam, aulló porque una u otra lo picó.

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