Retrato en la plaza

El hombre lleva una camisa amarilla un poco sucia y unos pantalones grises cortos. Está sentado en la plaza principal de Breslavia bajo un árbol de hojas quemadas por el histórico verano de 38 grados. Yo vengo a almorzar a estas bancas, en frente de la Alcaldía, y él viene para asegurarse de que los pájaros de la plaza tomen una ración completa de la segunda comida más importante del día.

Frente a mí desfilan wróbelki, gorriones amigables, y palomas. Buscan alguna borona en el suelo, o me miran en vano. Yo les he dicho: no les doy comida, pero insisten en visitarme. Estarán mal acostumbrados por este hombre, que les trae sobras de pan y galletas en pequeñas bolsas plásticas cerradas a punta de darles vueltas.

El hombre saca las bolsitas de comida de cuatro talegos acomodados bajo sus piernas. Toma un trozo de pan a medio comer, lo rompe y tira los pequeños pedazos a sus pies o lejos, fuera del círculo de las treinta palomas y ‘copetones’ congregados a su alrededor.

Tomada de internet

Una paloma corretea al gorrión avispado que se llevó una tira de pan. Otras dan vueltas en su eje, pican y pican el suelo. El hombre arroja otro manojo de comida a sus pies, y baja los brazos hacia el piso con lentitud. Intenta pescar una paloma pero se le vuela; baja otra vez los brazos y atrapa a una desaliñada, que forcejea. La acomoda entre las manos y le habla con cariño, como si fuera un nieto pequeño y le quisiera dar un beso.

Los turistas le toman fotos con disimulo -no vaya a ser que cobre por el espectáculo- mientras la paloma respira asustada.

La escena se repite dos veces. El hombre atrapa una paloma, la acaricia, le dice palabras dulces para tranquilizarla, y el ave brinca aliviada cuando la libera.

Después el hombre resuelve comer; es su turno. Y se lleva un pan o un sándwich a la boca, bebe agua de una botella y comparte con las aves las migajas y unas cuantas gotas de la bebida, sin lavarse las manos.

Antes de levantarse de la banca, pisa una lata de gaseosa o cerveza para que los pájaros se refresquen con un sorbo de postre, y se pone un par de guantes de lana azules. Es hora de volver a trabajar entre las canecas de la plaza.

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