Nostalgia de ciclovía

Foto tomada el domingo 20 de septiembre de 2015 (bajada de la página de Facebook de Rowerowy Wroclaw)

“Me gustaría que en Breslavia hubiera ciclovía”, le comenté a un ciclista de la asociación de bicicletas de mi ciudad (Rowerowy Wroclaw), en octubre. Hablábamos de la ‘bici’ en Bogotá y la admiración de los breslavos por nuestra ciclovía y nuestras ciclorrutas.

“Aquí no tendría éxito. Hasta hace poco era raro ver a la gente trotando en la calle, porque no somos muy activos”, me contestó.

Yo no le creía: ¿cómo explicar el gusto de la familia de mi novio por caminatas de ocho horas? Pensaba entonces que la mayoría de polacos eran amantes del senderismo en las montañas en los meses secos y del esquí durante el invierno. Si la ciclovía no llegara a funcionar, reflexionaba, sería porque estarían ejercitándose lejos del concreto, como mis suegros o mis cuñados.

Bien. Este domingo la predicción del ciclista sobre la ciclovía se “cumplió”. Sigo difiriendo de él sobre la actitud de los polacos hacia los deportes. El mayor impedimento para remplazar los carros por patinetas, patines, perros y niños en las calles es el clima. Si está nublado, llovizna y hace frío, la cama y las cobijas son más atractivas.

Por eso el cierre de un puente de casi dos kilómetros -en una versión miniatura de la ciclovía- no atrajo la masa de bicicletas de los ciclopaseos de verano. Con sol, o a 25 grados, probablemente el número de participantes habría superado la capacidad del puente Unywersitecki; al menos eso quiero imaginar.

Sumado al mal tiempo, a los organizadores quizás les faltó explicar, en persona -y no únicamente por Facebook-, en qué consistía el cierre. Algunos peatones, por ejemplo, no se atrevían a bajar a la vía vehicular, pese a que no había carros ni tranvías en movimiento y el andén, con sillas playeras y un tapete arrugado, les quedaba pequeño.

Aunque no quiero decir que el evento fracasó: un grupo de mujeres practicó yoga en plena vía; los niños jugaron golosa y tiraron los dados sobre un tablero gigante en el asfalto; algunos ciclistas registraron y marcaron sus ‘bicis’ con la Policía, y otros prepararon, a pedal, su propio cóctel de frutas en una cicla estática con motor y licuadora.

Pero sí faltó gente. Yo hubiera querido ver el puente lleno de bicicletas y caminantes como la avenida Boyacá o la carrera Séptima un domingo. Desafortunadamente, la baja asistencia contrastó con la protesta de miles de personas en las calles del centro en contra de los inmigrantes, los musulmanes y la Unión Europea, el día anterior.

Entre otras: El puente se cerró para celebrar el Día Internacional del No carro, hoy 22 de septiembre -aquí no tiene carácter obligatorio, es decir, si usted quiere sacar su carro, nadie lo multa-. Los organizadores quisieron aprovechar los 160 metros del puente para tomar una fotografía famosa entre los promotores de la ‘bici’: una comparación del espacio ocupado por un número de carros, más el mismo número de personas al lado del transporte público y el mismo número de bicicletas -allí solo faltaron nueve carros para la foto perfecta-. ¿No sería buena idea capturar esta foto en Bogotá en un día de ciclovía? Ojalá algún colectivo se anime a tomarla.

Nota publicada en el blog Yo prefiero la ‘bici’, de Diario ADN Colombia

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2 thoughts on “Nostalgia de ciclovía

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