Catando agua en un balneario polaco

Hace más de un año, M. nos invitó a mí y a unos amigos a catar agua en Kudowa Zdrój, una pequeña ciudad en la frontera con República Checa. De niño él había visitado esta ciudad balneario para recuperarse de algunos problemas de salud. Kudowa está en medio de las montañas, y en una de sus capillas, la de los cráneos (Kaplica Czaszek) hay calaveras y huesos de personas muertas en epidemias y guerras del siglo XVIII.

Kaplica Czaszek, en Kudowa Zdrój (foto tomada de Wikipedia)
Kaplica Czaszek, en Kudowa Zdrój (foto tomada de Wikipedia)

En invierno Kudowa parece tener pocos visitantes. En los meses cálidos el parque debe llenarse de familias y ancianos que vienen a caminar y probar las aguas de la(el) Pijalnia wód; cuya traducción literal sería agüería, el lugar donde se beben aguas medicinales.

Abro un paréntesis. En español tenemos cervecerías y cafeterías, cuyo equivalente en polaco sería piwiarnia y kawiarnia respectivamente. Si en español los establecimientos comerciales terminan en –ía, en polaco frecuentemente estos terminan en –nia. Sin embargo, en los países hispanohablantes no ha nacido la palabra agüería porque no hemos creado negocios para consumir únicamente agua como si se tratara de vino (¿o s´í? Si me equivoco por favor háganmelo saber). Cierro la acotación.

En esta(e) Pijalnia wód, la gente nada, recibe hidromasajes o toma agua para sanarse de una anemia, elevar las defensas, y tratarse una diabetes en un edificio de techos altos con olor a café y a cloro. En este centro comercial dedicado al H2O hay además una cafetería, otros negocios pequeños, y una salita con una fuente con dos corrientes de agua medicinal: la Śniadecki y la Marchlewski, léase la del olor a huevo podrido y la del sabor a sangre.

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Para catarlas se debe comprar un vaso de plástico con pitillo (por unos 20 grosze, es decir, y si no estoy haciendo mal la cuenta, unos 200 pesos) y leer las instrucciones a la entrada, según las cuales es importante aspirar con el pitillo de a pequeños sorbos con el fin de “disminuir el exceso de CO2 natural” en la ingestión. La Śniadecki está recomendada para anémicos y diabéticos, y la Marchlewski para quienes sufren de fatiga u obesidad.

En nuestra visita pagamos por el vaso y el pitillo, cruzamos una barrera metálica como si estuviéramos entrando a un supermercado,  y recogimos agua de la fuente. Uno de nuestros amigos probó la Śniadecki, la descartó inmediatamente por su olor fétido y llenó su vaso con la otra. Nos sentamos, agua burbujeante en mano, en una de las bancas alrededor de la fuente, junto a algunas plantas. Otras personas, tres generaciones más viejas que nosotros, se tomaban su dosis de agua con calma al otro lado de la fuente.

“Es el sabor de mi niñez”, dijo M. sobre la Marchlewski, mientras nosotros hacíamos un esfuerzo por desocupar el vaso transparente con sabor a sangre. Alguno de nosotros desistió y arrojó el vaso a la caneca: mejor ir a catar cerveza, propuso G.

Pero M., valiente, tomó otro sorbo de la Śniadecki, la del olor a huevo podrido; y hasta después del almuerzo aún sentía ese sabor en la boca.

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